Coleoptera

Coleoptera: blog de noticias literarias y culturales. Sitio de escritura y contra-escritura. Entrecruce de letras, palabras, notas y sílabas. Aliteración de fonemas predilectos.

Un poema de Yves Bonnefoy

AKANTILADO. Literatura, pensamiento, crítica... Un blog de Irad Nieto

Me hablaban

Me decían no, no cojas eso, no, no toques, eso quema.
No, no intentes tocar, sostener, eso pesa mucho, eso lastima.

Me decían: lee, escribe. Y yo hacía el intento, tomaba una palabra, pero se debatía cloqueando como una gallina despavorida, lastimada, en una jaula de paja negra con viejas manchas de sangre.

Del estupendo libro Las uvas de Zeuxis (FCE, 2013), traducción de Elsa Cross.

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“Sinfonía de cuna” de Nicanor Parra

Sinfonía de cuna

 

Una vez andando
Por un parque inglés
Con un angelorum
Sin querer me hallé.

Buenos días, dijo,
Yo le contesté,
Él en castellano,
Pero yo en francés.

Dites moi, don angel.
Comment va monsieur.

Él me dio la mano,
Yo le tomé el pie
¡Hay que ver, señores,
Cómo un ángel es!

Fatuo como el cisne,
Frío como un riel,
Gordo como un pavo,
Feo como usted.

Susto me dio un poco
Pero no arranqué.

Le busqué las plumas,
Plumas encontré,
Duras como el duro
Cascarón de un pez.

¡Buenas con que hubiera
Sido Lucifer!

Se enojó conmigo,
Me tiró un revés
Con su espada de oro,
Yo me le agaché.

Ángel más absurdo
Non volveré a ver.

Muerto de la risa
Dije good bye sir,
Siga su camino,
Que le vaya bien,
Que la pise el auto,
Que la mate el tren.

Ya se acabó el cuento,
Uno, dos y tres.

Testimonio

Hace tiempo escribí un cuento que hablaba sobre un viaje familiar a Veracruz: la carretera, el paisaje y el trágico final. Ahí había un niño que no alcanzaba los diez años de edad. El viaje era un fantástico augurio para él. Su madre, su padre y su hermano abordo de un recuerdo. El niño conocerá el mar por primera vez, pero la inmensidad del océano se entrelaza con la muerte. El agua toma su vida o, más bien, él se la ofrece. Es un sacrificio voluntario.

    Ahora yo soy ese niño, ofreceré mi vida mientras tú lees. No confundan, por favor, este texto con una vulgar carta de despedida. Es un testimonio de que viví y decidí que mi tiempo había llegado. Aquellos que han abandonado esta tierra se arrepienten de no haber escrito un testimonio como éste, me lo han dicho… No quiero que mi muerte esté narrada por bocas ajenas, por labios que no besaron lo que mis labios besaron y acariciaron. Es este el testimonio de un hombre cuyo nombre se evaporará en una luz translúcida. No quedará polvo de mis huesos ni lápida a la cual rezar. Me marcho mientras lees, fui de carne y hueso, no lo dudes, pero jamás lo sabrás. Me escabullí detrás de un bosque repleto de prejuicios e injusticias. Estoy aquí para aclararte que viví y te miré mientras me buscabas. Soy tu hermano, tu amante… tu amigo. Venimos del campo y de la lluvia; del inmenso dolor de los que bailan bajo la luna y no tienen pareja; somos la incoherencia de las noches de verano y los inviernos del alma.

    Me voy mientras me lees, tal vez ya no recuerdes el paso del tiempo… pues me adelanto. No hay reloj que marque los segundos de mi final. Estoy sentado frente al mar, no recuerdo cómo llegué aquí, pero recuerdo que intenté saltar hace mucho tiempo. Aquí están tres lápidas que el viento ya no recuerda, ¡mucho menos los hombres! Viví y decido morir, la decisión reside en mi pulso, en mi corazón y en mis manos. No hay memoria en este cuerpo vagabundo, no hay rencor; pero tampoco libertad.

Ramón Xirau

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Homenaje a Ramón Xirau (Barcelona, 1924) por sus noventa años de vida.
Poeta, filósofo, ensayista, y una serie de clasificaciones que no harían más que atiborrar un homenaje que se busca sencillo.

Playa del mundo

La luz de los naranjos.
Todo universo es árbol,
cae en el sueño de tu cuerpo,
se duerme
en los párpados del agua.

En la noche de tus ojos
ascendían las barcas;
el naranjo colgaba
cielo adentro
olas doradas de la tarde.

Sueño de los naranjos
cerca del tiempo incierto,
nacen y crecen, viven,
árbol de luz, las playas.

El mundo es sabio en el camino
de los amarillos eternos, enamorados
[del aire.

Ramón Xirau
(Traducción de Andrés Sánchez Robayna)

“Ojerosa y pintada” de Agustín Yáñez

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Agustín Yáñez nació en Guadalajara, Jalisco en el año de 1904 y murió en 1980 en la Ciudad de México.

Al filo del Agua (1947), –una de las novelas más importantes del autor jalisciense– marca, junto con otros ejemplos, un antes y después en las letras mexicanas. El título hace alusión a la inminencia de una tormenta, es decir, la llegada de la Revolución Mexicana. Su contexto le otorgó la oportunidad de abarcar un tema de suma importancia, pero Yáñez optó por una tangente y trató el tópico de forma nueva,  y construiría de esta forma, una obra que regeneraría la narrativa nacional.

La obra de Yáñez fue prolífica y variada. Escribió más de quince obras dentro del género narrativo y dentro de ellas figura Ojerosa y pintada (Joaquín Mortiz, 1959), texto que toma las riendas a partir de ahora:

La novela plantea desde el principio un movimiento seguro: un par de días en la vida de un taxista de la Ciudad de México. El lector podrá advertir que el simple hecho de seguir a un hombre en un taxi, o bien, imaginarse tal recorrido, involucrará una vasta cantidad de pasajeros y, con éstos, una infinidad de palabras que se entrecruzan.

El texto se divide en tres partes: Cuesta arriba, Parteaguas y Cuesta abajo.
Cuesta arriba, anuncia una búsqueda ascendente y plantea consigo una meta. Una serie acontecimientos para llegar a una resolución interna. El protagonista nos abre la puerta del automóvil y lo seguimos de cerca. El recorrido inicia y las preguntas apenas se vislumbran. La gente sube y las voces que rigen el relato cambian respectivamente.
Parteaguas, es precisamente eso, un punto y aparte. Una bifurcación en el caudal del pensamiento. Un filósofo de la ciudad”, como se hace llamar el nuevo cliente, discurre en una reflexión que trastocará al protagonista y al mismo tiempo, a nosotros. Su manera de pensar se verá fuertemente influenciada por el “Confesor, juez profeta, y por eso, para muchos, loco”. Es un momento cumbre en el relato. Las preguntas que una “persona común” puede llegar a plantearse comienzan a subir de nivel y de profundidad. El protagonista se percata de que no busca respuestas, sino las preguntas adecuadas.
Cuesta abajo, es la resolución del relato; es su descender desde el Gólgota.

La novela no se desentiende de los temas revolucionarios. Las repercusiones de dicho movimiento se anidan en casi todos los clientes. Cada uno representa a distintos sectores de la sociedad: clase alta, media y baja, médicos, artistas, trabajadores, mineros, amantes, militares, filósofos, empresarios, periodistas; todos tienen algo qué decir al respecto. Todos están ahí y es precisamente esta multiplicidad de voces la que se aplaude en la narrativa de Yáñez. Cada uno se desentiende del lenguaje del otro y éste del siguiente: así hasta el desenlace. Yáñez le da vida a cada unos de sus personajes y respeta su propia voz. Ahuyenta la homogeneidad narrativa y plantea críticas, apoyos y neutralidad hacia el tema.

Por último, Yáñez construye un personaje que se convierte en la alegoría de la Revolución; aquella Revolución que auguraba un verdadero cambio y un desenlace distinto al que en verdad sucedió. La alegoría muere y con ella el relato…

Juan Gelman (1930-2014)

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Lamentamos mucho el deceso del escritor bonaerense Juan Gelman.
Hace 38 años este magnífico poeta se encaminaría a México debido a la dictadura militar bajo la cual se encontraba Argentina. Éste y su deliberada decisión de abandonar la carrera de Química para dedicarse enteramente a las letras, fueron algunos de los azares que lo introdujeron a los versos que lo harían ganar infinidad de reconocimientos a lo largo de su prolífica carrera.
Premio Juan Rulfo en el 2000, Premio Iberoamericano de poesía Ramón López Velarde en el 2004 y el más reciente, Premio Cervantes en el 2007, entre otros–.

 Dentro de sus obras más reconocidas destacan Violín y otras cuestiones (1965), Gotán (1962), Sombra de vuelta e ida (1997), entre muchas otras. Como bien sabemos, la mejor manera de rendir homenaje a los autores es recorriendo las encrucijadas de su obra y seguir su rastro indefinidamente. Los versos de Juan Gelman nos muestran un realismo crítico fulminante, un fuerte tono político y una sensibilidad majestuosa ante las sensaciones y las emociones de los hombres.

    Aquí nuestro breve homenaje; tres poemas que ejemplifican lo que para nosotros significan las palabras de Juan Gelman:

(Claro que moriré y me llevarán)

claro que moriré y me llevarán
en huesos o cenizas
y que dirán palabras y cenizas
y yo habré muerto totalmente

claro que esto se acabará
mis manos alimentadas por tus manos
se pensarán de nuevo
en la humedad de la tierra

yo no quiero cajón
ni ropa

que el barro asuma mi cabeza
que sus orines me devoren
ahora
desnudo de ti

Oficio 

Cuando al entrar al verso me disloco
o no cabe un adverbio y se me quiebra
toda la música, la forma mira
con su monstruoso rostro de abortado,
me duele el aire, sufro el sustantivo,
pienso qué bueno andar bajo los árboles
o ser picapedrero o ser gorrión
y preocuparse por el nido y la
gorriona y los pichones, sí, qué bueno,
quién me manda meterme, endecasílabo
a cantar, quién me manda
agarrarme el cerebro con las manos,
el corazón con verbos, la camisa
a dos puntas y exprimirme,
quién me manda, te digo, siendo Juan
un Juan tan simple con sus pantalones,
sus amigotes, su trabajo y su
condenada costumbre de estar vivo,
quién me manda andar grávido de frases,
calzar sombrero imaginario, ir
a esperar una rima en esa esquina
como un novio puntual y desdichado,
quién me manda pelear con la gramática,
maldecirme de noche, rechinar
fieramente, negarme, renegar,
gemir, llorar, qué bueno está el gorrión
con su gorriona, sus pichones y
su nido, su capricho de ser gris,
o ser picapedrero, óigame amigo,
cambio sueños y música y versos
por una pica, pala y carretilla.
Con una condición:
déjeme un poco
de este maldito gozo de cantar.

El infierno verdadero

Entre las 5 y las 7,
cada día,
ves a un compañero caer.
No pueden cambiar lo que pasó.
El compañero cae,
y ni la mueca de dolor se le puede apagar,
ni el nombre,
o rostros,
o sueños,
con los que el compañero cortaba la tristeza
con su tijera de oro,
separaba,
a la orilla de un hombre,
o una mujer.
Le juntaba todo el sufrimiento
para sentarlo en su corazón
debajito de un árbol
El mundo llora pidiendo comida
Tanto dolor tiene en la boca
Es dolor que necesita porvenir
El compañero cambiaba al mundo
y le ponía pañales de horizonte.
Ahora, lo ves morir,
cada día.
Pensás que así vive.
Que anda arrastrando
un pedazo de cielo
con las sombras del alba,
donde, entre las 5 y las 7,
cada día,
vuelve a caer, tapado de infinito

Gracias.

(Sin título)

Si el trazo pudiera emular el calor de tu cuerpo, trazaría infinitamente.
Colmaría los relieves, los márgenes y las hojas enteras buscando la solución a esta soledad angustiante.

Calumnia, noche intransigente, demonio de oscura bondad…
Tus ojos me recuerdan el caer del sol, el cielo salado…
Eres el mar, eres inmensidad plena.

Acribillante sensación, tormenta de placeres mundanos. ¿Dónde quedó el mar y el vaivén de sus olas?
¡Dime que vaya! más nunca regresaré, nunca dudaré del paso que opta por tu dirección.

Pronto se extinguirá la noche y el grito que mis labios clamaron, lleva tu nombre.
El grito no llega, muere en el trayecto.

Recuerda el ulular del viento, la bondad de la tierra y la violencia del amanecer.

Olvida el pasado,
                           odasap le adivlO.
                             

                   

“Sin sangre” de Alessandro Baricco

baricco

El mundo que alguna vez conoció Nina se consumió tras las llamas que devoraron su casa. Ella buscará  una venganza distinta. Los ojos de un soldado que le perdonaron la vida la buscan en cada rincón. ¿Dónde está aquel joven que la vio reposando en la tierra, con su cuerpo simétrico, con sus tobillos “separados por un suspiro”, esperando el golpe de la metralla sobre su rostro y su lánguido cuerpo?

Sin Sangre (Anagrama,2003 ) de Alessandro Baricco (Turín, 1958) nos otorga un vistazo al alma de una mujer que busca su complemento; su desenlace. La amalgama podrá resultar extraña. Si se busca la venganza, el resultado es evidente, pero Baricco niega la evidencia y sorprende con una resolución exitosa y provocativa. Una tangente que estremece y, tal vez, que perturba.

Nina enmudece durante años. Su nombre cambia conforme a los vuelcos que da su vida. Ella busca la resolución de aquella noche, de aquel destino que se le mostraría mientras respiraba la muerte. ¿Qué ordenes siguen los soldados? ¿El superior grita y el cabo activa el fusil? El soldado no es más que una herramienta de un orden mayor. ¿Qué pasa por la cabeza del asesino legitimado?

La historia es concisa. No quedan hilos sueltos por ningún lado y las pocas páginas están audazmente justificadas. La brevedad del texto permite que la totalidad del relato sea transmitido en un sola sesión. Las palabras de Edgar Allan Poe en su Método de composición podrán ayudarnos a este respecto:

Si una obra literaria es demasiado extensa para ser leída en una sola sesión, debemos resignarnos a quedar privados del efecto, soberanamente decisivo, de la unidad de impresión; porque cuando son necesarias dos sesiones se interponen entre ellas los asuntos del mundo, y todo lo que denominamos el conjunto o la totalidad queda destruido automáticamente.

Aquí no habrán “asuntos del mundo” que se interpongan.

Juan José Arreola (1918 – 2002)

Arreola

Hoy recordamos al escritor jalisciense Juan José Arreola, quien falleció un 3 de diciembre del 2002 en la ciudad de Guadalajara, Jalisco.

Dicha ciudad es sede, mientras se escribe esto, de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2013, evento en el cual se otorga el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, mismo que le fue otorgado en el año de 1992.

En 1995 y 1998 recibió el Premio Internacional Alfonso Reyes y el Ramón López Velarde, respectivamente.
Su trabajo ha influenciado a innumerables autores, ensayistas, críticos y editores.

A continuación, brindaremos un breve homenaje a semejante figura de la literatura mexicana:

 

El Corrido

Hay en Zapotlán una plaza que le dicen de Ameca, quién sabe por qué. Una calle ancha y empedrada se da contra un testerazo, partiéndose en dos. Por allí desemboca el pueblo en sus campos de maíz.

Así es la Plazuela de Ameca, con su esquina ochavada y sus casas de grandes portones. Y en ella se encontraron una tarde, hace mucho, dos rivales de ocasión. Pero hubo una muchacha de por medio.

La Plazuela de Ameca es tránsito de carretas. Y las ruedas muelen la tierra de los baches, hasta hacerla finita, finita. Un polvo de tepetate que arde en los ojos, cuando el viento sopla. Y allí había, hasta hace poco, un hidrante. Un caño de agua de dos pajas, con su llave de bronce y su pileta de piedra.

La que primero llegó fue la muchacha con su cántaro rojo, por la ancha calle que se parte en dos. Los rivales caminaban frente a ella, por las calles de los lados, sin saber que se darían un tope en el testerazo. Ellos y la muchacha parecía que iban de acuerdo con el destino, cada uno por su calle.

La muchacha iba por agua y abrió la llave. En ese momento los dos hombres quedaron al descubierto, sabiéndose interesados en lo mismo. Allí se acabó la calle de cada quien, y ninguno quiso dar paso adelante. La mirada que se echaron fue poniéndose tirante, y ninguno bajaba la vista.

-Oiga amigo, qué me mira.

-La vista es muy natural.

Tal parece que así se dijeron, sin hablar. La mirada lo estaba diciendo todo. Y ni un ai te va, ni ai te viene. En la plaza que los vecinos dejaron desierta como adrede, la cosa iba a comenzar.

El chorro de agua, al mismo tiempo que el cántaro, los estaba llenando de ganas de pelear. Era lo único que estorbaba aquel silencio tan entero. La muchacha cerró la llave dándose cuenta cuando ya el agua se derramaba. Se echó el cántaro al hombro, casi corriendo con susto.

Los que la quisieron estaban en el último suspenso, como los gallos todavía sin soltar, embebidos uno y otro en los puntos negros de sus ojos. Al subir la banqueta del otro lado, la muchacha dio un mal paso y el cántaro y el agua se hicieron trizas en el suelo.

Ésa fue la merita señal. Uno con daga, pero así de grande, y otro con machete costeño. Y se dieron de cuchillazos, sacándose el golpe un poco con el sarape. De la muchacha no quedó más que la mancha de agua, y allí están los dos peleando por los destrozos del cántaro.

Los dos eran buenos, y los dos se dieron en la madre. En aquella tarde que se iba y se detuvo. Los dos se quedaron allí bocarriba, quién degollado y quién con la cabeza partida. Como los gallos buenos, que nomás a uno le queda tantito resuello.

Muchas gentes vinieron después, a la nochecita. Mujeres que se pusieron a rezar y hombres que dizque iban a dar parte. Uno de los muertos todavía alcanzó a decir algo: preguntó que si también al otro se lo había llevado la tiznada.

Después se supo que hubo una muchacha de por medio. Y la del cántaro quebrado se quedó con la mala fama del pleito. Dicen que ni siquiera se casó. Aunque se hubiera ido hasta Jilotlán de los Dolores, allá habría llegado con ella, a lo mejor antes que ella, su mal nombre de mancornadora.

FIN